Amanecer

                                                                                                                    
Con alegría y algo de nostalgia, recuerdo mi primaria. Corría el año 1927 cuando nos mudamos con mi familia al pueblo catamarqueño de Capayán debido a la inestable situación laboral de mis padres.


Al tiempo de nuestra llegada, mi madre nos inscribió a mi hermana y a mí en el único colegio de la zona: el San Hipólito XXI. A pesar de nuestra precariedad, ella no lo pensó dos veces.


La escuela era apenas un simple salón de tierra apisonada: no teníamos pupitres, ni bancos, ni siquiera sillas. Nos sentábamos en rejas de arados, tocones de ceibo y en calaveras de vaca.


La calavera de vaca era el asiento más fácil de conseguir porque la escuela era, durante la noche, un matadero clandestino. Escribíamos con trozos de ladrillos, mientras  la maestra utilizaba las paredes como pizarra.


El colegio se encontraba en lo alto de la montaña. Para llegar debíamos caminar once kilómetros empinados por el bosque para luego cruzar a la montaña que se encontraba separada por el río Santa María. Había un puente colgadizo construido a base de alambres de cobre y algarrobo.


Aun se me pone la piel de gallino cuando recuerdo los aullidos feroces de los leopardos y de cóndores que solían sobrevolabar a metros de nuestras cabezas. 



El colegio solo contaba con una maestra que provenía de Bahía Blanca. Su nombre era María. María tenía un don innato para enseñar. No le importaba las condiciones en que la que nos encontrábamos. Ella comentaba la importancia de la educación: el crecimiento del intelecto humano, el enriquecimiento del habla, el cultivo de la imaginación. Cada día, nos leía con deleite un fragmento del Facundo de Domingo Sarmiento:


“La educación primaria es la que civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. La escuela es la base de la civilización”

En el primer trimestre de comenzadas las clases, una fuerte tormenta nos sorprendió en la clase de geografía, cuando estábamos aprendiendo las corrientes del océano Pacífico. La tormenta resquebrajó por completo el  techo de adobe y las  dos ventanas de mimbre.

Por suerte, nuestras plegarias fueron escuchadas y nadie resultó herido.


En otoño, la temperatura en Capayán alcanzaba los cinco grados bajo cero. María, sin inmutarse, continuaba dibujando con esmero la estepa patagónica, la selva misionera y la llanura pampeana. Su despliegue virtuoso nos hacia olvidar la corriente de viento helado que entraba por el techo desvanecido congelando nuestros rostros.


Por la tarde, cuando regresaba a casa con ganas de manifestar mis conocimientos, Papá advertía mi fuerte tos y mis manos de un color púrpura. Mamá, siempre tajante, le quitaba  importancia a la preocupación de mi padre alegando que era una minucia, un detalle y que las cosas en la vida no se consiguen fáciles. Envolvía mis manos en un paño de terciopelo y las ponía junto al fuego, mientras me leía con voz dulce a Saint-Exupery.


Con la llegada del invierno, la situación en la escuela se hacía aun más ardua: La temperatura tomaba cursos poco humanos al superar los dieciocho grados bajo cero. Nuestra única medida era adelantar la hora de química para formar ronda alrededor del mechero Bunsen y calentar nuestras manos.
El frío era muy intenso y nuestras fuerzas se evaporaban en un santiamén al agotarse la garrafa de gas.


A pesar del tercer pedido consecutivo de refacción de María en lo que iba del segundo trimestre, no obteníamos ninguna respuesta favorable por parte de la directora Angélica.


Cada madre trataba de colaborar de alguna manera:  algunas tejían sombreros de caimán, botas de cardúmen o pulóveres de lana de cabra.


La temperatura tornaba ahora nuestras caras de un color violáceo anaranjado y la piel de un rosáceo púrpura en escasos minutos de clase. Por las mañanas, a menudo, nos acechaban fuertes vientos de hasta doscientos kilómetros por hora sacudiendo el aula como si fuese una gelatina. Pero María, fiel a sus principios, continuaba dibujando líneas, rectas, ángulos obtusos y equiláteros con una vitalidad digna de admiración. Nos daba cierto pudor comunicarle que ya no sentíamos los pies y que de a ratos se nos nublaba la vista. El aspecto del aula era desolador: varios compañeros tenían los ojos desorbitados, temblaban frenéticamente, y en las narices se apreciaba un hilo fino pero consistente de hielo congelado.

“La constancia es la virtud de todo hombre con coraje”- solía decirme mi madre mientras  preparaba el te con miel para aliviar mi creciente catarro -.


Fue en aquel tiempo, sino recuerdo mal, que María comenzó a tomar algunos recaudos, en pos de proseguir con la enseñanza. Al ingresar al aula, nos suministraba a cada uno un vaso con licor de huevo al chocolate. La servía en una jarra de hojalata que llevaba escondida bajo el guardapolvo. La botella de licor era de una marca alemán desconocida, el sabor era bastante fuerte y empalagoso. Al segundo trago, el frío quedaba a un lado en nuestros pensamientos y continuábamos escuchando a la señorita María con gran ahínco.

Los efectos del licor eran disímiles: algunos comenzaban a hablar en un lenguaje extraño, alternando palabras inconexas, carentes de sentido. Otros, menos resistentes, perdían el sentido de la orientación y comenzaban a dar vueltas alrededor de los tocones de ceibo hasta por último estamparse torpemente contra la pizarra.


Algunas madres, culparon a María por cierto comportamiento errático de sus hijos. Aunque mi madre decía que eran unas extremistas. Nunca supe bien lo que significaba  extremista, pero mi madre era poco conversadora pero  siempre tenía la razón.


Pero nada, nada en el mundo nos hacía perder el ánimo de aprender, de recibir nuestro título e inmigrar a la gran ciudad de Buenos Aires.


Mi madre hablaba con gran veneración de “El granero del mundo”, la “Cosmopolita financiera” y de un hombre con voz dulce y candorosa llamado Gardel.


Sin embargo, la euforia solo duró un instante. Nuestros organismos, en permanente crecimiento, no tardaron en habituarse a los efectos del alcohol. El licor de huevo ya no era suficiente. Mientras seguíamos esperando alguna medida de nuestra directora Angélica que se mostraba ocupada la mayora de las veces o se ausentaba durante largas semanas.


María tenía una huerta orgánica, donde tenía una pequeña plantación de tabaco, lo suficiente como para abastecernos uno o, con suerte si había buena cosecha, dos cuatrimestres.


A los diez o veinte minutos de haber ingerido el licor de huevo, un temblequeo comenzaba a sacudirnos nuestros ya debilitados cuerpos y el frío atravesaba nuestros abrigos como un maremoto.


Por orden de María, encendíamos los cigarros con cierto temblequeo hiperquinético y el aula quedaba invadida por un humo grisáceo oscuro que quedaba flotando en el aire. Confieso que era difícil distinguir el pizarro (aun la profesora) con la humareda que se formaba. Pero el uso de la imaginación mental era otro ejercicio que María nos enseñaba a rajatabla para sortear inconvenientes.


Algunos compañeros desistieron por problemas pulmonares. Carlos por ejemplo, tuvo que terminar el colegio primario por correspondencia.

Tras los meses más crudos del invierno, nuestra piel se había curtido, perdiendo toda sensibilidad y percepción.


Alarmada por el continuo decrecimiento de su alumnado, Maria se dirigió al cuarto de la directora.


Mientras tanto Angélica, la inspectora, nos prometía la salamandra para el mes de diciembre. Aducía que el colegio no tenía presupuesto debido a que el gobierno había impuesto que las provincias y los municipios debían autofinanciarse.


“Las cosas buenas en la vida vienen por caminos más largos” - decía mi madre, y yo pensaba que la salamandra venía en zulki desde el Polo Norte o de un algún pueblo ruso de los que Papá nos leía en las novelas de Tolstoi-


En ocasión del acto de 25 de Mayo, María nos encomendó a Julio y a mí que fuésemos a buscar la bandera.


Entre el aula y el subsuelo donde funcionaba el matadero, se encontraba un cuarto de utilería, comunicado por un angosto pasillo. Para nuestra sorpresa, la puerta no estaba cerrada con candado, pero supusimos que era efecto de las tormentas. Con paso cauteloso, entramos.


La pieza estaba a oscuras. Una reminiscencia a almizcle, a agua estancada se sintió al ingresar. Julio se asomó en busca de alcanzar la cima del armario en busca de la bandera. El sol de mediodía irrumpió, iluminando el cuarto. Una fuerte bocanada de humo se esparció sobre nuestros rostros. Nuestras miradas se dirigieron hacia aquel sector. 

Aquellas figuras eran Angélica y el intendente municipal recostados en el sofá de tapizado leopardo, mirando una pantalla que transmitía imágenes difusas a color.


Tal vez la distancia en el tiempo tienda a minorizar los sucesos, pero lo cierto es que la última tormenta destrozó por completo el San Hipólito XXI.
Con enojo nuestros padres envolvieron las maletas y nos volvimos a Concepción.







¿Como armar banda de Reggaeton?



*Utilizar verbos en imperativo como: zamarréalo, conmuévelo, zumbéalo, menéalo, zarzamorréalo

*Uno o dos gorditos  con gafas negras

*Un d-Jay de fiestas de 15

*Un lavarropas en desuso (Mezcla de sonido)

*Un candado oxidado alrededor del cuello 

*Tres bailarinas ecuatorianas indocumentadas

Encuentro misterioso



Hacia unos años atrás, me encontraba en Venecia haciendo una investigación. Una noche decidí tomarme un descanso, y me dirigí al centro de la ciudad.


Cuando ya había recorrido unas  cuadras, vi  un bar entre las calles adoquinadas. La cantina era un pequeño tugurio,  mal iluminada. Al entrar, alcancé a observar a un hombre que me llamó la atención: su rostro rubicundo, de estatura baja, nariz aguileña y largos cabellos castaños. Estaba tomando una ginebra, mientras la camarera limpiaba la mesa, en vistas de la hora próxima al cierre.






La vida solitaria del un periodista hace que, más de una vez, nos veamos obligados a recorrer los suburbios de las ciudades que visitamos, en busca de alguna atracción que nos ayude a atenuar la rutina de nuestras vidas. Pero aquella noche estaba marcada bajo otro pincel.






Me acerqué a su mesa y lo saludé con una sonrisa. El hombre hizo caso omiso a mi presencia y continuó tomando del vaso de hojalata, mientras jugaba infantilmente con el dedo índice con su tostada con mantequilla.


-Mi nombre es Henry Miles. Soy periodista del New York Times- me presenté-


-Yo soy Osk -musitó finalmente en un inglés rudimentario y difícil de apreciar- He venido desde la capital Dinamarca por asuntos astronómicos y metafísicos, ¿Me comprende?-mi cara de duda fue más que clara-


-¿Ve este cuaderno que llevó en la mano? –sacó su mano del vaso y esbozó un rectángulo imaginario. Luego se la llevó a la sien-.


-Todo esta aquí, en mi memoria. Vea, usted. Llevo aquí  información de alta complejidad. Material que más de un científico pagaría fortuna por él. Estoy estudiando las elipsis y los contornos esotéricos que las estrellas de Venecia dibujan en este cielo. Aunque, para ser honesto, mi verdadera profesión sea la de poeta -asentí con la cabeza-.


-No obstante, también llevo registro de material de poco valor, ¿sabe? De poca importancia, pocos kilos bites.


-Como los libros de Coelho-ironicé en busca de distenderme-


Muy bien-continuó- la ciudad de Italia es famosa por sus barrios, sus casas construidas por encima del mar. También por el arte: la pintura, la escultura, la literatura. Sus paseos por estas calles mágicas que han dado lugar a musas de prestigiosos escritores. ¿Pero, sabe que?-Sacó de su chaqueta un habano, y lo encendió-


-Me intriga saberlo –alcancé a responder mientras tosía entre la humareda-


-Es una falacia- hizo una larga pausa en busca, seguramente, de generar dramatismo- El verdadero atractivo son las elipsis estelares  esparcidas en el cielo de Venecia.


Aquí, en estas coordenadas, se produce una fuerte atracción de los astros. Se puede observar con claridad las figuras retractadas que se reflejan sobre el mar. Estas son mi  fuente de inspiración, mi musa poética.




Aquella fue la última vez que lo vi. Apuró una última pitada y desapareció entre una melodía de violoncello que se escuchaba desde lejos.






Vidas





Pedro Asturiaga estaba contento de cargar Price Waterhouse a sus hombros. El era asesor inter- agroindustria. Su vida era el trabajo y un poco más lejos el jazz. Su querido y preciado jazz.


Su labor se extendía en la mayoría de los casos hasta altas horas de la noche y pasaba días durmiendo solo cuatro horas.
El era “asesor técnico de agroindustria con especialización en exportación en Sudamérica. Y así se sentía cuando le preguntaban al regreso de sus largos viajes de trabajo:
“Hola Pedro! ¿Cómo va todo?
“Bien, bien-respondía- Ahora soy asesor técnico de agroindustria; me ascendieron. Este año aumentamos un 35% las exportaciones de cereales en América Latina”.El otro contrariado, inventaba una excusa y dirigía el diálogo hacia otro.


Su vida tenía una estructura. Pensaba que El era alguien; trabajaba para la empresa número uno en auditoria y había ascendido varios escalafones en un tiempo corto.
De eso se acordaba cada día, cada momento, cada vez que le entregaban un trabajo a último momento y debía quedarse hasta las cuatro o con suerte cinco de la mañana.
Pero la sensación de satisfacción al finalizar cada trabajo era irremplazable: tras apretar el icono Guardar Como, se reclinaba en la silla y se ponía a escuchar su disco favorito de Louis Amstrong, hasta que le estallaran los oídos.



Tiempo después Pedro conoció a Julia; quien trabajaba como telemarketer. Se enamoró a primera vista.
Pronto se casaron y tuvieron dos lindos e imaginarios hijos.

Instrucciones para ser un Emo





















Vestimenta: El buen y patético contraste de película blanco y negro es nuestra la clave: El rostro pálido y el atuendo negro harán la distinción. Si no logra el efecto de palidez, póngase un kilo de talco. Así esta bien.
Un dato más: el pelo mojado sin importar nevada o viento antártico; pantalón negro con cadenas a la altura de las rodillas.
La mente debe estar en otro lado, lo más lejos posible de toda realidad, pudiéndose ser Marte o Saturno.

Debe sentir un impulso indeterminado por las cosas irrelevantes en esta vida que lo entristezcan, lo paralicen, lo enmudezcan. No debe distinguir en derramar lágrimas con temas como: la inseguridad social, la muerte de un pariente  lejano o de la insignificante existencia de un bicho bolita.

El suicidio debe ser una constante y permanente idea que debe sostener a lo largo de su melancólica existencia; esa triste imagen suya atraerá a un sinfín de mujeres que querrán salvarlo.

Recuerde que la idea no se lleve nunca jamás a cabo (por el momento ellas lo prefieren vivo).
Resérvelo para mejor ocasión, tal vez para una corrida de toros o para la revolución del partido obrero.

Diferencias entre UBA y UADE



UBA:
1- El 13% logran recibirse
UADE:
1-Solo el 75% de los ingresantes


UBA:
2-Todos los años se inscriben miles de
estudiantes
UADE:
2-Se inscriben con miles


UBA:
3-El traspaso del secundario a la UBA
es abrupto
UADE:
3-Apenas se diferencia del Jardín.


 UBA:
4-Hay que estudiar la bibliografia de la A a la Z.
UADE:
4-Te enseñan el abedecedario.

UBA vs Privadas





UBA:

Todos los años se inscriben miles de
estudiantes

UADE:

Se inscriben con miles


UBA:

El traspaso del secundario a la UBA
es abrupto

UADE:

Apenas se diferencia del Jardín.


UBA:

Para los finales hay que estudiar con anticipación

UADE:

Hay que pagar la cuota con anticipación

UBA:

Hay que estudiar la bibliografia de la A a la Z.

UADE:

Te enseñan el abedecedario.

Un viaje, el destino

Martes 

Luego de infinitas horas, llegamos San Rafael, Mendoza. Jony, mi amigo, propuso que hagamos dedo; yo dije que mejor sería buscar un camping por ser el primer día. Ni bien despachamos las mochilas, nos encaminamos hacia la Secretaria de Turismo. Nos encontramos con dos chicos: Sebastián y Nicolás y después con dos mujeres, Cintia y Marina, que estaban averiguando los distintos lugares para visitar y los horarios de los colectivos, y los iban registrando en su diario. Jony me señaló con un gesto que las chicas llevaban termo y me sonrió cómplice de que nos podían ser útiles. Me sonó medio raro que se hubiera ofrecido a llevarles el bolso más tarde. Ambos grupos decidieron ir a Valle Grande, al igual que nosotros, y comenzó nuestra aventura por Mendoza; provincia caracterizada por sus canales de riego en las veredas, por su clima seco y caluroso, por sus montañas entre ríos y lagos, y por la gente cálida y amable. Tras un sofocante viaje en colectivo, llegamos al camping que nos habían recomendado. Acampamos en pocos minutos, y fuimos en busca de un refrescante chapuzón. Más tarde colgamos una soga a la rama de un árbol, que estaba en el río, en frente a la carpa, para no correr el riesgo de que nos la lleve la corriente. Los turistas que pasaban haciendo rafting. No podían creer el ingenio del invento. Después de que nos tiramos al río, fuimos a conocer la represa de Valle Grande y subimos por una de las empinadas montañas. Le comenté a Jony lo hermoso que me parecía Valle Grande, con sus montañas de diferentes colores, en desnivel con los valles que, confrontados con el río y el lago, conformaban un paisaje paradisíaco. Aunque Jony no me escuchó una mierda porque estaba tirando piedras como un loco. Sinceramente me reventó que no me haya escuchado. Sebastián le dijo que tuviera cuidado. Nico que era un pelotudo, que casi le sacaba un ojo.

Miércoles 

De regreso al camping comenzaron los preparativos para el asado; no habíamos comido desde nuestro arribo. Tras haber deforestado medio Valle Grande en busca de leña, prendemos fuego. En menos de una hora, todo estaba listo para servirse. Lejos de toda cortesía, nos abalanzamos sobre la comida como desaforados, sin conversar en absoluto, iluminados por una escasa luz que nos brindaban las linternas. Dos horas después, se apreciaban lo que se fue desparramando a lo largo de la batalla: grasa de vacío, costillas, lechugas, pulpa de tomate, caracú, pate de fóe. En busca de saciar mi apetito me liberé de los cubiertos y comencé a comer con las manos, como un indio comechigones. Con una mala maniobra, torpe de mi parte, volqué uno de los bols donde estaban las ensaladas y se me cayó en la lona. Me lo comí sin remordimientos, por lo poco que veía. Confundiéndolo con las arvejas me comí un bicho bolita.Maldije por mis adentros y me fui a dormir sin despedirme, de la bronca que tenía. 

Jueves

En verdad no me sentía cómodo durmiendo en carpa. A la mañana siguiente le comenté a Jony: "No aguanto más, no duermo una mierda, estoy todo contracturado y siento que me pica todo el cuerpo" "Lo de la picazón es psicológico, vas a ver..." me dijo Jony, despreocupado. ¡Psicológico un carajo! Cuando me saqué la remera, tenía cuatro hormigas coloradas prendidas como garrapatas sobre mi espalda. Por otra parte me alegraba saber que había química en el grupo. Me había dado cuenta por lo que me había propuesto Nico. "Deberíamos volver a juntarnos alguna otra vez" Le respondí que me parecía una buena idea, que en cuanto me dieran las vacaciones, nos hacíamos una escapada. El dió una breve pitada y me dijo, algo decepcionado: "Aunque como sucede en el cine, las segundas partes no son buenas, como Jurassic Park 2" Le mentí, asintiendo con la cabeza. Me avergonzaba decir que no la había visto porque me habían cortado el cable, por colgarme de mi vecina. Tiempo atrás, en casa de mis tíos, pensaba que la estaba viendo y cuando le pregunté a mi primito de ocho años me dijo: " No, boludo, son los Muppets". De veras, me sentí un pelotudo. Señalé anteriormente que había química en el grupo porque a la noche fuimos a " La Barra", y en el regreso, bajo los efectos del alcohol, el grupo se había dispersado. Al llegar al camping había perdido de vista a Marina. A la mañana siguiente le pregunté donde se había quedado la noche anterior. "Sacando fotos a la represa" me respondió haciéndose la inocente. Yo sabía que se había quedado con Seba. No es por hacer alarde de mi inteligencia, pero desde chico siempre tuve poder de intuición, sentido común, por citar alguna de mis cualidades. Tal vez lo advertí porque la noté algo insegura, o por haber fruncido levemente las cejas. O tal vez, porque la última vez que los vi juntos estaban como a dos kilómetros de la represa, desde donde con el camino empinado son como dieciocho horas a pie.

Viernes 25 de Enero

Finalizado nuestro recorrido por Valle Grande, el grupo decidió emprender nuevo rumbo. Volvimos a la Terminal. Allí nos informaron que no había colectivo para ir hacia Río-Nihuil. La ciudad de Malargue fue nuestra siguiente visita. Por suerte, logramos conseguir alojamiento a pesar no haber hecho reserva. Intentamos hacer dedo para que nos llevaran hasta el dique. Tras varios intentos en vano, Marina logró parar una camioneta que tenía un cartel que decía "Taxi-Flet". Son una especie de remises doble-función, donde el chofer puede llevarte a la curiosa "Caverna de las brujas", haciendo de guía turística o transportar 50kg de salchichón primavera. Haber conocido el Dique no merece amplios comentarios. Intentamos meternos al río, pero, desgraciadamente, nos hicieron señas para que saliéramos ante el peligro que nos llevara la corriente. Conocimos un criadero de truchas, sacamos fotos, tomamos unos mates y regresamos al camping.



Sábado 26 de Enero 

Cerca del mediodía, Mario pasó a buscarnos para ir a Valle Hermoso, que se encontraba pasando Las Leñas. Mario era un hombre bastante charlatán; en todo el viaje no paró de hablar; de la clase de personas que siempre tienen un comentario para todo, aunque sólo le contáaramos que compramos leche descremada o que algunos de los chicos tenía diarrea. En realidad le decíamos Mario porque al preguntarle su nombre nos respondió "Gómez”, por más que le insistíamos nos volvía a repetir "Gómez", como si fuera una agente secreto del FBI: "Bond, James Bond". "Gómez". A veces pienso que nos toman de turistas japoneses y se terminan aprovechando de nosotros. Como cuando en Valle Hermoso, Mario nos prometió la presencia de árboles para guarecernos del sol, y no había ni un potus a la redonda; nada para hacer fuego, o como cuando en la ciudad nos cobró 120 pesos por llevarnos a conocer el dique, y sólo tuvo que salir de las cuatro cuadras del pueblo y se la pasó veinte minutos girando alrededor de la plaza para que el medidor siguiera facturando. "Allí donde ven hacia lo lejos, varios soldados perdieron la vida al intentar cruzar a Chile, Aquí, se hacían trueques entre mendocinos y chilenos a cambio de ponchos y sombreros hechos con lana de chivito". Entre nosotros parecería ser un hombre de mundo, aunque nos comentó que jamás salió de Malargue. Valle Hermoso nos deslumbró a nivel paradisíaco; con los diferentes colores de las montañas, las aguas cristalinas de los lagos, y la vegetación tan inusual, en la que no había una sombra alrededor, ni madera para poder cocinar o calentarnos por la noche. Con nuestros escasos recursos, pudimos hacer fuego aunque a Marina, que estaba a cargo, se le pasaron los fideos y quedaron como engrudo. Pensé en matarla. Por la tarde fuimos a escalar la montaña en procura de que Jony conociera la nieve. Los primeros pasos fueron decepcionantes: el camino estaba empantanado y, teniendo en cuenta que estábamos a mediados de enero y la nieve sólo estaba en la cima de la montaña, nuestra misión era aún más complicada. Tras cruzar el pantano, nos siguió la primera subida, rodeada de filosos espinillos; más tarde nos esperó una superficie colmada de lajas de distintos tamaños que impedían a subida. Cuando llegamos a la cúspide había que subirse a una roca. Al pisarla, se deshizo y cayó formándose una avalancha. Para conservar la vida sacamos fotos de la bella panorámica y decidimos volver antes de oscurecer. Por la noche la temperatura descendió y nos vimos obligados a hacer fuego. Compramos cinco kilos de madera a precio de oro y logramos hacer las municiones con sopa instantánea, lo que nos hizo olvidar el frío. En cuanto se agotó la última brasa, nos dormimos.

Domingo 

Mario volvió para llevarnos al Pozo de las Ánimas y más tarde a la Laguna de la Niña Encantada. El Pozo de las Animas estaba formado por dos grandes pozos de aproximadamente cincuenta metros de profundidad, que ocasionaron la erosión y el paso del tiempo. Desde lejos, apreciamos una pequeña playa, pero lo empinado del camino dificulta su acceso. Dice el cartel de la parada que el uso que se le dió fue la de tirar los cuerpos de los prófugos que huían cruzando la cordillera. Ante la duda, ninguno decidió ponerse de espaldas para sacarse la foto. Jony le preguntó al guía donde se encontraba la Niña Encantada. "Se ve pero no vayan a creer que es real. Súbanse hasta arriba, donde esta la cruz, la pueden ver enfrente de la bruja tallada” Era sólo una figura abstracta a la que se le veían unas piernas y los brazos cruzados. Podía ser la “niña encantada” o mi abuela haciendo ñoquis. Marina bajó unos metros entre las rocas y se inclinó hacia adelante en busca de ver algo más de cerca. Un breve puntapié en las nalgas la hubiera arrojado a la laguna, y de dar en alguna piedra, hubiera quedado inconsciente ahogándose de inmediato. Al rato Marina se puso de pie y me pidió que le sacara una foto. Después de todo, no era tan profunda la laguna de mierda esa. Por la noche, retornamos a la ciudad, pero nuestros compañeros volvieron a sus casas porque contaban con una semana de vacaciones. Nosotros nos fuimos al norte de Río Negro, Buta Ranquil, en compañía de dos geólogas. El mismo día compramos los últimos pasajes que quedaban. Partimos al anochecer. A diferencia de Valle Hermoso, nuestra caminata hacia el volcán El Tromen no estaba rodeada de arroyos, lo que no nos permitía recargar la botella. Los rayos ultravioletas reventaban en nuestros deteriorados rostros y nos hicieron agobiante el viaje. El lugar exótico me sugirió una interesante idea: con mis conocimientos de Televisión podría hacer un programa al estilo "Las aventuras del hombre". De pensarlo, me imaginaba: "Aquí nos encontramos en los Valles de Punilla, ante la presencia del fósil Anthemonium Phitecus. Por la cantidad de rayas y el tamaño de los mismos, notamos que provienen de la Era Paleozoica-Mesozoica" ¡Rayos y Centellas! ¡Recórcholis! ¡La puta que lo reparió! Lo último sería para captar mayor audiencia, lo que nos pondría a la altura de la National Geographic. Porque decime una cosa:¿quién carajo habla como esos tipos? Yo debería ser productor, si vuelvo a Buenos Aires voy a dejar mis estudios en horticultura. Martes

Martes

De Chos-Malal, partimos para Zapala, de ahí podíamos ir a Villa La Angostura, vía San Martín de los Andes. Llegamos a puerto a la medianoche, y nos hospedamos en el primer hotel que encontramos. "Hotel Residencia”, sino me acuerdo mal. Decían que el hotel era tres estrellas, pero se le habían borrados dos. Nos hicieron descuento porque nos comentaron que la única habitación disponible no estaba en óptimas condiciones. El ambiente era deplorable: el piso estaba todo mojado. Arriba le habían puesto papel de diarios para taparlos, y la humedad era insoportable. Las paredes estaban todas despintadas y la ventana tenía vista a un juntadero de porquerías de un herrero probablemente desquiciado. Tomamos una ducha y bajamos a comer al restaurant del hotel. Como aún quedaba restos del anterior comensal el mozo pasó rápidamente a limpiar. Le pasó por arriba de los platos con un trapo rejilla carcomido. Noté que estábamos bajo otra cultura. Al terminar la cena le preguntamos al mozo por algún prostíbulo, locales de venta de alcohol, casas de juegos clandestinos, boliches nocturnos y orgías. Nos comentó de un taller literario, pero por el momento estaba cerrado por falta de presupuesto. Según mi reloj uoter resis eran las 10:40am cuando desperté, debido a unos ruidos, que cuando estaba a punto de volverme a dormir, volví a escuchar. Eran de grandes pasos, como de algún animal prehistórico y se repetían de a intervalos. Jony me preguntó si había algún volcán activo en Zapala, pero no sabía nada. Mi corazón estaba en las 250, 300 pulsaciones por minuto y Jony se escondía bajo la bolsa de dormir mientras este sujeto, como en una película de Hitchcock, se acercaba hacia nosotros. Se abrió de golpe la puerta y apareció una gorda de 250 a 400kilos. La dueña del hotel. Era inmensamente enorme, con sus pómulos colorados, su cara redonda y sus ojos grandes, rechonchos, llenos de ira. Tenía un vestido horrendo con lunares verdeoscuros que contrastaban con el negro lúgubre de fondo. Parecía la flota norteamericana en el desembarco en Normandía. Apenas abrió su bocota empezó a decirnos:"¡Mocosos irrespetuosos! ¿Estas son horas de levantarse? ¡Váyanse antes de que llame a la policía, imbéciles! En dos minutos, rehicimos las mochilas y bajamos las escaleras mientras nos seguía con escoba en mano gritándonos. Nuestra última parada fue Villa La Angostura donde nuestros recursos se nos agotaron. Por la noche me descompuse y terminé en el baño de la YPF. Por la mañana la temperatura bajó -10º y se me escarcharon los genitales. Parecían dos bolas de fraile azucaradas. Con nuestros últimos doscientos pesos compramos los ultimos asientos y volvimos con una torticolis escalofante a nuestra querida y entrañable Buenos Aires.

Instrucciones para ser un rolinga

 


















Antes que nada, el pelo hasta la espalda o en su defecto al hombro (Preferentemente no lavar por más de cuatro días).

Zapatillas: panchas viejas de un hermano mayor; jeans con algún agujero importante a la altura de las rodillas; un pañuelo rojo o negro carcomido en el cuello; el flequillo, en línea recta (puede hacerlo con alguna tijera oxidada o con bordeadora). 

Es importante además que la guitarra que lleve sea de segunda mano. Con cuatro acordes está bien, más no. Do, Sol, Re y La mayor. De última vuelva a Do mayor.

Hay que saber de dos a tres temas de los Roli: Satifashio y Anshi. Los integrantes de la banda: Mik Shage y Ki Richa; los demás juegan al truco. Eso si, el inglés es algo complicado para cantar; el secreto esta en masticar chicle cuando lo haga.

Y, por favor, no pronuncie las eses.

¿Cómo ser un emprendedor exitoso?















 
 

Novedades de Julio
 

Luego del sensacional y exitoso best-seller “Como ser un mejor empresario” ha llegado por fin el libro que todos los pequeños y grandes empresarios esperaban con ansias. Nos sorprende una vez más Keith Morgan con su nuevo libro “Eficiencia organizacional e ineficiencia higiénica” desvelando los secretos del mundo empresarial.
A modo de prólogo Morgan comienza preguntándose:
¿Cómo se logra incentivar a los empleados y a la vez satisfacer sus necesidades personales?, ¿Cómo maximizar beneficios y reducir los costos?, ¿Cómo pagaré mi hipoteca?

Relación personal-empresa
 

Debemos tomar la empresa como una familia y no como un ente abstracto que no tiene vida propia. Por ello el personal debe sentirse identificado dejando el alma si es posible.
Tomemos el caso de John Balladish de IBM Corporation, Irlanda:

“Yo era ascensorista del edificio y a pesar de mi empleo no lograba mantener la pensión de mi madre. Un día el correo se había traspapelado y decidí llevarles la documentación yo mismo . Luego de haber solucionado el conflicto burocrático en agradecimiento me dieron café. Recuerdo que no pude con mi genio y les quise mostrar una forma de hacer submarino que había aprendido de mi abuelo. Los jefes del departamento quedaron impactados con el sabor y decidieron darme un puesto en la empresa tras haber escuchado mi precariedad económica.
Ahora, al cumplir mi segundo mes, me ascendieron a gerente de relaciones públicas de Sudamérica”


Crecimiento de la Producción

Muchos empresarios tras el éxito de mi primer libro recurrieron a mí con preguntas acerca del aumento de producción y de cómo incentivar al personal. Aunque no recuerdo que les respondí (ni cuanto les cobre) el siguiente caso nos aportara seguramente algún dato:
Thomas Sheridan, gerente comercial de Mc Donalds no lograba aumentar la producción especulada. Thomas se encontraba realmente desesperado teniendo en cuenta que no sólo estaba en juego el futuro de la empresa sino también su propio pellejo. En un estado de locura, tras haberse tomado seis Rivotril, por fin Thomas dió en el clavo. Al día siguiente a primera hora reunió al personal y les comentó:

“Trabajarán 16 horas al día y se los mantendrá a raya con un mechero bunsen en caso de bajas en el rendimiento, desinterés o renuncia”
En poco tiempo la producción no sólo alcanzó lo propuesto sino que la superó en un 20%.
Más adelante expondré los detalles de como se aumenta la producción en un 60% brindado una docena de medialunas de grasa todos los jueves, y de como incluso se la duplica con amenazas a familiares.

 

Flexibilidad Laboral
 

Al día de hoy las empresas han resuelto ser más flexibles y dejar a los empleados elegir sus propios horarios. Se logra de esta forma un plus de estado de ánimo más propicio para el trabajo. Es preciso señalar que el empleado generalmente se siente cansado de la monotonía de su trabajo. En términos vulgares, comentan psicólogos especialistas, se sienten “estancados”, y en la mayoría de los casos buscan nuevas experiencias en otros empleos. Para evitar este inconveniente recomiendo el constante cambio de roles.
Varias empresas decidieron innovar en este sentido. Sito el caso de SDV Logistics:

“Un jefe de finanzas pasa al área de relaciones públicas, luego como cadete, más tarde al área de Calidad y por último limpia retretes”



Carta a Mamá









Te escribo para felicitarte por tus 50 años y desearte muy buenos augurios.
Ante la propuesta de tu amiga Patricia de escribirte y mandártela a través de ella; no me indico cuanto, como, ni que debía escribirte, solo atinó a dar una idea y se limpió las manos.
Es notorio que es Profesora de Geografía y no de lengua y Literatura, sino bien que nos podría haber aconsejado. Menos mal que no se puso hinchapelotas con el tema de la importancia de adquirir conocimientos geográficos, la fauna, la flora, sino estaría escribiendo en un mapa de Europa con división política como un pelotudo, si me permitís la jerga vulgar.
Por nuestra parte nos encontramos bien, aunque algo atemorizados por el tema de tener que escribirte, debido a la extensión que caracteriza al formato.

Bien sabemos que Papa y yo somos hombres de pocas palabras. El inconveniente surgió al pasar los días y mañana pasa tu amiga y aun no hemos escrito absolutamente nada. No es de temer que Papa te escribirá algo; tal vez algo de su inconveniencia, como un telegrama. Supongo que seria algo así:

“Felicitaciones. Pasto Alto. Plantas florecen. Llueve continuo”

Y a la mierda, a otra cosa mariposa. Nada de anécdotas pelotudas que no dicen nada, o de modificadores indirectos al reverendo pedo. Siete palabras dignas de una síntesis y una coherencia narrativa que ningún pueblo aborigen logró inventar. Pero ya veremos como se las arreglara.


Otro punto a destacar en estos días que han transcurrido es la comida: me la paso quejando de que le falta sal o condimento a la mayoría de lo que comemos, y Papa insiste en que le puso. Al menos deberíamos cambiar el nombre de las comidas para tener al menos una referencia de lo que el cuerpo va a ingerir y luego digerir.
Ejemplificando: “Arrollado sin condimento al escarbadiente”, “Papa al pelar con ligera cocción”, “Agnolotti con salsa abstracta”. Pero también es sabido que Papa no tiene un paladar muy digno que digamos; no logra diferenciar una tarta de zapallitos de una fondue de chocolate.

Para concluir te felicito nuevamente, que la pases bien en tu cumple y que disfrutes tus vacaciones.



Te quiere,


Pepe